Mi hijo tendrá 74 años en 2100

Un mismo termómetro y cuatro sistemas que se mueven con él: qué le espera al Mediterráneo si todo sigue igual.


Este artículo empezó con una cuenta tonta, de esas que se hacen a las cuatro de la mañana con un bebé en brazos.

Mi hijo nació este año. Y se me ocurrió, así sin más, restar: en el año 2100 tendrá setenta y cuatro. Setenta y cuatro. No es una cifra de ciencia ficción, es la edad que tiene ahora mucha gente que conozco — su abuelo, sin ir más lejos. El 2100 dejó de ser «el futuro» y se convirtió en algo mucho más incómodo: una fecha a la que él va a llegar.

De ahí salió esto, y de ahí salió también la sección del canal dedicada a 2100. Llevo tiempo haciendo mapas de mañana, de pasado mañana, de dentro de seis días. Esta vez quería mirar mucho más lejos y hacerme una pregunta distinta: si todo sigue como va, ¿qué se va a encontrar?

Aviso desde el principio: no he encontrado una respuesta tranquilizadora. Pero tampoco una condena. Y esa diferencia es justo de lo que va el gráfico.


El Mediterráneo no es un sitio cualquiera

Lo primero que aprendí montando esto es que vivimos en una zona con mala suerte climática. El Mediterráneo se calienta alrededor de un 20 % más rápido que la media del planeta. No es una impresión de verano; es lo que documenta el MedECC, el panel de científicos que estudia específicamente esta cuenca.

Ya estamos en torno a +1,5 °C sobre los niveles preindustriales. Es decir: el famoso umbral de París, que en el discurso global se discute como algo por llegar, aquí ya lo hemos cruzado.

Y somos, además, la región de Europa con más mortalidad por calor.


Dos líneas, no una

El gráfico arranca con una sola curva: la temperatura del Mediterráneo desde el año 2000. Sube. Hasta ahí, nada nuevo.

Lo interesante pasa al llegar a hoy, donde esa línea se parte en dos:

  • Sin frenar las emisiones, el Mediterráneo llega a final de siglo en torno a +6,5 °C.
  • Con una mitigación seria, se queda cerca de +2,8 °C.

El termómetro arriba y los cuatro sistemas debajo. La zona entre las dos curvas no la decide la física: la decidimos nosotros, en esta década.

Casi cuatro grados de diferencia. Entre las dos líneas no hay ningún proceso natural, ninguna incertidumbre científica de fondo, ningún misterio: hay decisiones. Esa distancia es, literalmente, lo que se decide en esta década.

Puse las dos curvas a propósito, y lo mantengo aunque haga el gráfico menos espectacular. Un gráfico que enseñe solo la línea alta miente por omisión: sugiere que ya está escrito. No lo está.


Cuatro sistemas, un solo número

Debajo de esa curva cuelgan cuatro pistas que se mueven a la vez: bosques, cultivos, vida marina y salud. No son cuatro historias distintas. Son cuatro lecturas del mismo termómetro, cada una con sus propios puntos de ruptura.

Los bosques

No es que vaya a haber más incendios. De hecho, la tendencia apunta a menos incendios en total — pero muchos más grandes, con aumentos que según la zona y el escenario van del 34 % al 140 %. La consecuencia práctica es la que preocupa a quien apaga fuegos: la gestión actual deja de bastar cuando el que se te escapa es enorme.

Y hay un punto que me dejó pensando. Por encima de unos +2 °C, en años de sequía, el bosque mediterráneo puede empezar a emitir más carbono del que absorbe. Deja de ser aliado y pasa a ser parte del problema. No es un detalle menor: buena parte de los planes climáticos dan por hecho que los bosques siguen ahí, absorbiendo.

Mientras tanto, la aridez avanza por el sur peninsular, el norte del Magreb, Sicilia, Chipre y el sur de Turquía y Siria.

Los cultivos

Aquí es donde el gráfico se vuelve muy concreto, y muy nuestro.

Hacia 2050, el olivar de secano —el de toda la vida, sin riego— queda al límite de lo viable en buena parte de la cuenca por estrés hídrico. La viña puede perder hasta un 73 % del área apta. El trigo, hasta un 22 % de rendimiento.

El dato que más me impresionó viene de Turquía: el territorio de máxima idoneidad para el olivo pasaría del 4,4 % al 0,2 % a final de siglo. De un país olivarero a un país con olivos en museos.

El mar

Hasta la mitad de las especies pesqueras podrían desaparecer localmente hacia 2050.

Y hay una razón estructural que hace esto peor de lo que parece: el Mediterráneo es un mar casi cerrado. En un océano abierto, cuando el agua se calienta, las especies migran hacia el norte. Aquí no hay hacia dónde ir. La puerta es el estrecho de Gibraltar y no da abasto.

Nosotros

Este es el único de los cuatro donde el punto de partida no es una proyección, sino una medición.

Entre 1991 y 2000 había, de media, un aviso de calor extremo al año. En el periodo 2015-2024 son 4,3. Un aumento del 318 %, y no es un modelo: es el recuento de la Comisión Lancet Countdown. Los veranos de 2022 y 2023 sumaron juntos más de cien mil muertes por calor en Europa.

A final de siglo, en el escenario sin frenos, 37 °C dejaría de ser una ola de calor en partes de España, Turquía y Egipto para ser un día normal de verano.

Un día normal.


Lo que este gráfico no es

Me parece más honesto decir esto que dejarlo en la letra pequeña.

Las cuatro curvas de abajo son ilustrativas. Los hitos numerados —el olivar en 2050, el 73 % de la viña, el 318 % de avisos— están anclados en estudios publicados y citados. Pero la forma exacta de la línea entre un hito y el siguiente la he dibujado yo para que se vea la tendencia. No es un dato punto por punto, y no pretende serlo.

Los puntos de salud de 2050 y 2100 son una extrapolación razonada, no una medición. El de 2025 sí es real.

Y nada de esto es una profecía. Son escenarios: si pasa esto, es probable que pase aquello. La ciencia climática es buena describiendo hacia dónde empujan las cosas, y mucho peor poniéndoles fecha exacta.

Lo digo porque me interesa que esto se lea con la guardia bajada, no con la sensación de que le están vendiendo el apocalipsis. Si exagero, dejo de ser útil.


Volviendo a la cuenta de las cuatro de la mañana

Mi hijo tendrá 74 años en 2100, y va a vivir en una de las dos líneas del gráfico.

En una de ellas, el verano que él recuerde de niño será una anécdota fresca que contará a sus nietos. En la otra, se parecerá bastante al que tenemos ahora, con más calor pero dentro de lo manejable.

No voy a terminar esto con una lista de consejos, porque no creo que apagar el grifo mientras te lavas los dientes decida entre +2,8 y +6,5 grados. Lo que sí creo es que la gente vota, consume y presiona mejor cuando entiende la magnitud de lo que está en juego, y que un gráfico bien hecho explica eso más rápido que mil palabras de alarma.

Por eso lo hice. Y por eso está aquí, gratis y sin registrarse.

Ojalá dentro de setenta y cuatro años pueda enseñárselo y decirle: mira, aquí es donde estábamos, y mira por dónde acabamos yendo.


Fuentes

  • MedECC (Mediterranean Experts on Climate and Environmental Change), informes de evaluación de la cuenca mediterránea.
  • IPCC AR6, Cross-Chapter Paper 4 (Mediterráneo).
  • Lancet Countdown on Health and Climate Change, indicadores de exposición a calor extremo.
  • Estudios regionales sobre idoneidad de cultivos y proyecciones de incendios citados en cada hito del gráfico.

Los datos climáticos de base proceden de fuentes públicas. Este artículo y el gráfico que lo acompaña son divulgación, no asesoramiento agronómico ni sanitario.

📚 Serie clima histórico — siguiente entrega: «Ocho ciclos glaciares y un pico que no encaja»: 800.000 años de hielo y el registro fósil de cada bandazo del clima (disponible desde el 16/08 a las 19:00).

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