Hay proyectos que nacen de la necesidad, otros de la curiosidad, y otros —los más especiales— que nacen de ambas cosas mezcladas con años de historia personal. Meteo en Directo es uno de esos.
De pequeño, un juguete diferente
Mi primer contacto serio con la meteorología no fue en un libro de texto ni viendo el telediario. Fue con el Meteonova, una pequeña estación meteorológica de juguete que tuve de niño y que me dejó completamente enganchado. Medir la temperatura, intuir si iba a llover, observar cómo cambiaba el tiempo… aquello abrió algo en mí que no se ha cerrado desde entonces.
Por esa misma época descubrí también la colección Wapiti, esos libros infantiles que hablaban de ciencia, naturaleza y el mundo que nos rodea. Poco a poco fui desarrollando algo que va más allá de la simple curiosidad: una atracción genuina por la naturaleza, y una manera de valorar el sitio donde vivimos —este planeta que a veces damos por supuesto.
La meteo en mi trabajo
Esa afición no se quedó solo en el plano personal. En mi trabajo, donde me dedico al mundo de la excavación y el movimiento de tierras, prestar atención a la meteorología es casi una obligación. La lluvia, el viento, las heladas, las tormentas de verano… todo afecta a la planificación diaria y a la seguridad en obra. Así que lo que de pequeño era juego, con los años se convirtió también en herramienta profesional.
El problema: ver los mapas era un engorro
En los últimos años me fui aficionando a consultar la previsión no solo en las noticias, sino directamente en páginas especializadas: AEMET, Meteociel, y otras. Datos muy potentes, mapas muy detallados… pero con una limitación enorme: ver las animaciones era lento, rudimentario, o directamente manual. Había que ir imagen a imagen, esperar cargas, cambiar de pestaña. Un proceso que debería ser fluido y visual se convertía en un trámite.
Me preguntaba: ¿no habría forma de que todo eso fuera automático?
El momento en que todo encajó
A finales de 2024, un cambio de vehículo en la empresa me dejó con un período de menos trabajo. Y fue en ese hueco donde nació la idea. Había descubierto que la inteligencia artificial había llegado a un punto en el que alguien sin formación profesional en programación podía construir cosas realmente útiles —herramientas que antes requerían un desarrollador.
Así que me puse a pensar: ¿y si construyo un sistema que recoja automáticamente las imágenes de los modelos meteorológicos, las convierta en vídeo y las publique en YouTube? De esa forma, cualquiera podría ver los últimos mapas actualizados sin tener que entrar a media docena de páginas distintas.
Y así empezó todo.
Lo que comenzó como un experimento personal se fue convirtiendo en un canal, en unas rutinas automatizadas, en una retransmisión en directo… y en esta bitácora donde cuento, semana a semana, cómo va evolucionando. Porque el proyecto sigue vivo, sigue creciendo, y sigue sorprendiéndome.
Bienvenido a Meteo en Directo.